Cada verano, muchas empresas se enfrentan a la misma duda: ¿qué tipo de contrato debo utilizar para cubrir el aumento de actividad de los meses estivales? La respuesta no es única. Depende de la naturaleza real de la necesidad, y elegir mal puede tener consecuencias laborales y económicas importantes.
Contrato por circunstancias de la producción
Este contrato está pensado para situaciones en las que la empresa experimenta un aumento imprevisible o fluctuante de la actividad. También puede utilizarse cuando la necesidad es ocasional, previsible y muy acotada en el tiempo.
Sin embargo, tiene un límite importante: no puede superar los 90 días no continuados en el año natural, independientemente de los trabajadores contratados bajo esta modalidad.
Cuándo encaja este contrato:
- Picos de trabajo no previstos con antelación.
- Necesidades puntuales que no superan el límite de 90 días anuales.
- Actividades que no forman parte del ciclo habitual del negocio.
Contrato fijo-discontinuo
Si la necesidad de personal se repite todos los años durante la temporada de verano, o si esa actividad forma parte del ciclo habitual del negocio, aunque solo se desarrolle en determinados meses, el contrato fijo-discontinuo es la opción que mejor se ajusta a la realidad.
Con este contrato, el trabajador mantiene el vínculo laboral con la empresa incluso en los períodos en los que no presta servicios. Cuando llega la temporada, es llamado al trabajo conforme al orden y las condiciones pactadas. No se trata de una contratación nueva cada año, sino de una relación laboral continua que se activa y pausa de forma cíclica.
Cuándo encaja este contrato:
- La campaña de verano se repite de forma previsible cada año.
- La actividad estacional forma parte de la actividad ordinaria de la empresa.
- Se quiere mantener una relación estable con los trabajadores de temporada.
La clave: analiza la necesidad real del negocio
Antes de firmar cualquier contrato, conviene hacerse las preguntas adecuadas: ¿Es esta una necesidad puntual e imprevisible, o se produce todos los veranos? ¿Cuántos días de trabajo voy a necesitar realmente? ¿Esta actividad forma parte de mi ciclo habitual de negocio?
Elegir el contrato equivocado no es solo una cuestión formal. Puede derivar en sanciones por parte de la Inspección de Trabajo, reclamaciones de cuotas a la Seguridad Social, pérdida de bonificaciones o, en el peor de los casos, la conversión automática de la relación laboral en indefinida.
Cada modalidad tiene sus características, sus límites y sus obligaciones específicas. Por eso, lo más recomendable es analizar cada caso con detenimiento antes de tomar una decisión.
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